El Niño Tauro, Según Linda Goodman

Miguel Urdangarín y de Borbón
Es posible que empieces a tomar conciencie de que tu bebé recién nacido es un Toro cuando intentes vestirlo para salir con él del hospital. “Mete los bracitos en el suéter que te ha hecho la abuelita -murmurarás con ternura maternal-. ¿Por qué cierras así los puñitos y pones los brazos tan rígidos? A ver, que niño tan bueno. Vamos, a ver”.

“Déjame a mí -dice tu marido-. Bueno, vamos ahora, hijo. A ver, esos brazos en las mangas. Es fácil. ¡Eh! ¿Me has oído, Charlie? Vamos, mueve los brazos. ¡Muévelos!”

Interviene la enfermera.

No se enfaden -dice-, que siempre es difícil vestirlos cuando son pequeños. Oh, que bebé tan bueno. Bien despierto, pero sin llorar ni nada”.

“Sí, es tranquilo -asiente el papá-. Pero sigue con los brazos cruzados sobre el pecho y no se los puedo separar. Es tan fuerte que me cuesta movérselos”.

“Creo que no quiere que le pongamos el suéter, señalas tú, con un vacilante germen de intuición maternal.

La enfermera se aproxima al Torito con eficiencia profesional.

“Déjeme a mi. Vamos, muñequito, así... en la manga. El puño primero, así es como se hace”.

Y obliga al bracito a pasar por la bocamanga. De pronto, la carita del Toro se pone de un intenso color rojo-purpúreo-azulado, y se oye un lamento que hace que todas las enfermeras del piso acudan corriendo a la habitación. (Aunque mas que un lamento es un rugido. Un interno que estaba en el pasillo pensó que en el sótano había estallado la caldera.) Tu bebé Tauro anuncia así que no le gusta que le fuercen. Es una advertencia, y se repetirá.

Es el mismo ruido que oirán los vecinos cada vez que trates de obligar a tu hijo nacido en mayo a que haga algo que él no quiere. Habrá montones de problemitas, como tratar de llenar de copos de avena una boca que parece cerrada con cola, meter una férrea piernecita en un par de bragas de goma o intentar sumergir en la bañera un cuerpecito rosado y regordete que de pronto parece haberse vuelto de cemento. Perderás muchos kilos y llegarás a tener un gran dominio muscular. Las madres de niños Tauro tienen siempre músculos como Popeye, aunque su aspecto suela ser tan frágil como el de Olivia.

Aparte ser lisa y llanamente cabezas duras, los bebés Tauro son una delicia para criarlos. Los padres de niñas y varones nacidos bajo este signo comprobarán que sus hijos son mimosos y tiernos. Con su rizo en la frente, el Torito se te subirá de un salto a las rodillas para que le beses, y te dejará sin aliento con sus abrazos de oso. A tus amigos, si confía en ellos, los tratará con el mismo afecto. La pequeña Tauro hará gestos de coquetería desde su sillita alta para que le sirvan una ración más de postre. Probablemente, será la nenita de papá, a quien se le hará difícil resistirse al límpido encanto de su hija... tan difícil como se le hace a mamá acorazarse contra la tranquila dulzura de su hijito Tauro. Los niños de uno u otro sexo serán sanos y fuertes, con inclinación por el atletismo. Los varones serán bien varones, a veces la piel de Judas, alegres, fuertes y decididos. Las niñitas muy femeninas, de las que cuidan como una madre de sus muñecas, mantienen todo limpio y juegan a ser el ama de casa. A algunas les gustan los juegos de varones, y con ellos las encontrarás, trepándose a los árboles o jugando a las canicas; pero esencialmente, cuentan con todos los encantos de la feminidad para recurrir a ellos cuando quieran. Y son muchas las veces que quieren.

Ya de pequeñitos, los niños Tauro parecen, en general, más competentes que otros chicos. Para empezar, son emocionalmente estables y rara vez sufren accesos de depresión, momentos de impulsividad o tendencias exhibicionistas. Pueden ser rechazantes y obstinados, a veces mostrarse tímidos, pero en ellos no son comunes las alteraciones y dolores normales del crecimiento. La disposición de Tauro es normalmente serena y placentera. No se inquietan ni molestan fácilmente. Salvo cuando se rebelan porque se les exige demasiado, son personas tranquilas, alegres y nada imprevisibles. En ellos hay una madurez de la que carecen los niños nacidos bajo otros signos solares (excepción hecha de Capricornio y de Escorpio). Incluso los Toritos muy pequeños suelen portarse muy bien cuando hay extraños, pero si les obligas a convertirse en centro de la atención se quedarán como si el gato les hubiera comido la lengua. Déjalos que jueguen en paz en un rincón, y lo mas probable es que las visitas se queden impresionadas por lo bien educados que están.

Un niño Tauro se ocupa tranquilamente de sus cosas, y cuando sea mayorcito, será raro que te incomode con actitudes groseras y de petulancia. Sin embargo, si pones a prueba su buen genio fastidiándole (eso no lo soporta), presionándole o exigiéndole que haga algo que él está decidido a no hacer, puede volverse belicoso. La única manera de afrontar ese desafío es el amor, jamás la fuerza. Un niño Tauro a quien los mayores hayan forzado demasiado puede convertirse en un adulto callado, sombrío y cruel. Recuerda que para el Toro es imposible mantener su obstinación ante las demostraciones físicas de afecto. Un abrazo afectuoso, un beso grande y amistoso y una alegre sonrisa le inducirán a salir de su obstinación. Háblale siempre con suavidad y con 1ógica. Los gritos y las órdenes formuladas con aspereza só1o conseguirán que cierre los ojos y se tape los oídos. Es capaz de resistirse a la disciplina y a las órdenes hasta el día del juicio, pero al afecto, ni un minuto.

Aunque sea aún muy pequeño, estará lleno de sentido común. Si algo le parece razonable, lo hará, pero quiere una explicación práctica. Nada complicado: simplemente la verdad, sinceramente y sin barnices. Con decirle “Tienes que ir a acostarte ahora porque yo lo digo” no irás a ninguna parte. Para él, eso no es sensato ni razonable. En cambio, es probable que darle suavemente una explicación como “Ahora tienes que irte a la cama porque ya vamos a apagar las luces, y si no te acuestas, mañana no podrás salir a jugar porque estarás demasiado cansado” le decida a meterse entre las sábanas y disponerse a dormir. También puedes decirle: “Ahora métete en la cama calentita, con las sábanas limpitas y planchadas, que yo te arroparé con tu manta, tan suave, y te leeré un cuento. Por testarudo que se haya mostrado hasta ese momento, es casi seguro que estas palabras le convertirán en un ángel de docilidad. Como es de naturaleza muy sensual, es raro que la descripción de sensaciones no le haga vibrar una cuerda sensible. Forzarle para que haga lo que se le pide, en cambio, es tan inútil como peligroso para su personalidad futura.

Los colores y los sonidos también afectarán profundamente a su disposición y sus emociones. Adornar su habitación con colores rojos y naranjas vivos y detonantes le pondrá inquieto y obstinado. Los tonos pastel, sobre todo los rosados y todos los tonos de azul, tendrán en él efectos casi mágicos. Son niños que reaccionan visiblemente a los colores. Si estos armonizan con las vibraciones propias de su signo, se mantendrán tranquilos, si son discordantes pueden, sin exageración, lesionar su estabilidad emocional. El mismo efecto tendrán los ruidos fuertes y destemplados.

Es buena idea dar a los niños Tauro, tan pronto como sea posible, lecciones de canto o de música. Casi todos tendrán voz grave, suave y melodiosa, y muchos de ellos mostrarán considerable talento musical o vocal, que preferiblemente habrá que descubrir cuando es aún lo bastante pequeño para encauzarlo bien. Aunque no vaya a hacer de la música su profesión, a Tauro le dará placer escuchar sus propios discos en su habitación. Es posible que prefiera los clásicos a los modernos o a las canciones infantiles. Tal vez le guste dibujar y pintar, y hay buenas probabilidades de que tenga alguna verdadera habilidad artística. Asegúrate de que a tu Torito no le falten papeles y lápices de colores, que son su forma de expresión favorita.

Generalmente, los maestros encuentran que el niño Tauro es uno de los más trabajadores de la clase. A menos que haya posiciones planetarias desfavorables en su carta, los niños Tauro serán trabajadores en la escuela, aprenderán metódicamente sus lecciones y tendrán una notable capacidad de concentración. Aunque no sean estudiantes modelo como los Aries, Géminis o Acuario, tampoco son lerdos ni les dará probablemente por arrojar bolitas de papel mascado en la clase, aunque tal vez se rían si la maestra se da un pellizco en un dedo con el sacapuntas. El niño Tauro es muy obediente por lo general. Su mente trabaja en forma algo lenta, pero jamás se olvida de lo que aprendió, una vez que ha retenido un hecho o una fecha. Son chicos que por lo general superan bien los exámenes, porque se preparan escrupulosamente para ellos. Suelen ser elegidos como líderes para las actividades de grupo, debido a su respeto por el juego limpio, y también a su evidente sentido común y buen juicio.

Es posible que la obstinación de su hijo haga pasar algunos malos ratos a los padres de un niño Tauro, pero no serán muchos ni muy frecuentes. La madre de un Torito que conozco llevó un día a su hijo a la escuela y se arrepintió de no haberse quedado en casa tranquilamente. El niñito había ofendido a su maestra, declarando que lo que ella decía estaba mal. Por supuesto, el autor del libro de texto también estaba equivocado. Al otro día, su madre le llevó hasta el escritorio de la maestra, ordenándole con firmeza: “Pídele disculpas a la señorita, Sammy”. Eso fue más o menos a las nueve de la mañana. A mediodía, en el despacho del director, se oyó a la madre que repetía débilmente: “Pídele disculpas a la señorita, Sammy”. A última hora, cuando ya los alumnos se habían ido, el portero estaba recogiendo los cestos de papeles. Al pasar por el despacho oyó una voz extraña, lejana, temblorosa, casi espectral que hablaba dentro del santuario. “Pídele disculpas a la señorita, Sammy -decía-. Por última vez, pídeselas”. A través de la puerta se oía el ruido hueco de la palmeta. Y silencio. Al día siguiente, el Torito volvía a ocupar su banco. Había sido más fuerte que la madre, la maestra y el director. Jamás se disculpó, pero hizo honor a su signo.

Una vez te hayas resignado al hecho de que nada, a no ser una grúa, podrá mover a tu hijo Tauro cuando haya clavado las pezuñas en la tierra, te sentirás feliz viéndole crecer. Es posible que su ropa absorba toneladas de polvo mientras juega con sus camiones y tractores, y te advierto que, no importa con que frecuencia se lo laves, el pelo de un varoncito Tauro huele siempre como un nido mojado, pero no es niño que pierda el boletín de calificaciones ni las canicas. Tampoco, cuando sea mayor, terminará enroscándose en un poste de teléfono con el coche de papá, por conducir demasiado deprisa. Es posible que entre a saco en la nevera y termine con el pollo frío que reservabas para la cena, o que no sea nada cuidadoso con los muebles. Pero te hará mucho bien al corazón cuando sea grande Y no se olvidará de tu cumpleaños. También tu niñita Tauro se desgarrará su ropa de domingo trepando a un árbol, o se pondrá hecha una furia si alguien le rompe una de sus preciosas posesiones. Pero te ayudará a hacer las tareas de la cocina, y siempre serás bien acogida en su hogar cuando ella esté felizmente instalada con su familia. Y de los dos tendrás probablemente nietos bien educados.

Cría a tu torito o a tu ternerita en una atmósfera de amor hogareña y cálida. Rodéalo de evidente afecto, no de una invisible alambrada de púas. No le tironees demasiado los cuernos y déjale pastar con el ritmo que él quiera. Llénale los oídos de música y los ojos de belleza, y algún día él te llenará el corazón de paz. Y hasta “la señorita” le perdonará.

Tomado del Libro de Linda Goodman, Los Signos del Zodiaco y su Carácter.