El Jefe Tauro, Según Linda Goodman

George Lucas - Director, Empresario
¿Dices que tienes uno de esos jefes Tauro que son un encanto, nunca fastidioso ni rezongón, y que no necesitas ningún consejo ni advertencia para saber cómo conducirte con ese ser tan complaciente, encantador y dócil? ¿Así que lo tienes exactamente donde quieres... en la palma de la mano? Bueno, pues ciertamente que estás aprendiendo a conocer los signos solares a tiempo para evitar un desastre. Antes de que sea demasiado tarde, mejor que te aprendas de memoria la única regla básica para el trato con un ejecutivo Tauro: No agotes su paciencia.

Es una regla más rígida de lo que parece. Si es el típico jefe Tauro, tiene una paciencia tan enorme que es una gran tentación ponerla a prueba. Su manera de ser es tan pacífica, su disposición tan equilibrada, que no será raro que para tus adentros lo consideres una especie de viejo oso bonachón, y que empieces a tratarle como a un oso informal y simpático, un poco testarudo tal vez, pero bondadoso y completamente inofensivo. Te acordarás del final feliz del cuento de Ricitos de Oro y bajarás la guardia, y eso es exactamente lo que no tienes que hacer. Eso puede ser el principio del fin.

Sí, ya se que Ricitos de Oro se comió los copos de avena de Papa Oso, se sentó en su sillón y durmió la siesta en su cama, y le salió todo bien. Pero los osos no son toros; no te confundas de animal. Aunque en la jerga de la bolsa norteamericana se usen ambos términos para designar oscilaciones en la cotización de acciones, eso no quiere decir que sean válidos en la oficina. Los osos viven en el bosque y suelen arrojarse sobre la miel. Los toros viven en el campo y suelen atacar a la gente que les molesta. Un oso puede estrujar a un extraño con ánimo de diversión, pero sin intención de dañarlo; son juguetones. Los toros pueden arrasar con los entrometidos y hacer pedazos el armario de la porcelana, presas de una furia ciega, y a propósito. Son peligrosos. Y terminemos con la lección de zoología.

Por hoy, estás a salvo, pero ¿quién sabe lo que puede traer mañana? Tal vez te veas súbitamente lamentando haber puesto demasiado a prueba la paciencia de tu jefe Tauro. Es posible que desees no haber abusado tan confiadamente de su buena disposición. No es difícil ver cómo tomaste por mal camino. Les sucede siempre a los que trabajan con ejecutivos Tauro. El Toro es tan dulce y comprensivo cuando le entregas una carta mal mecanografiada que tal vez no te preocupes después por mejorar tu ortografía. Es tan considerado cuando se te embarullan las cifras del informe semestral que es posible que te descuides un poco con los aspectos matemáticos de otros papeles.

Como no vocifera ni te mira echando chispas cuando te tomas media hora extra para el almuerzo, quizá la semana próxima trates de tomarte una hora y vayas luego alargando la cosa hasta llegar a dos. Es tan fácil entrar en el paraíso de los tontos. Si te has permitido el lujo de entregarte a la holgazanería, bajo el hechizo de la personalidad campechana y los modales tranquilos de tu jefe Tauro, lo mejor es que te pongas sobre el escritorio uno de esos carteles, como los que usan en el campo, que anuncian “Cuidado con el toro. Es posible que muy pronto te salve la vida, o el puesto de trabajo por lo menos, y hay veces que ambas cosas son más o menos sinónimas. No creo que puedas decirle al propietario de tu casa: “Siento haberme atrasado tres meses con el alquiler, pero es que todavía no he encontrado trabajo. Del último que tuve me despidieron sin preaviso, porque fíjese que tenía un jefe nacido en mayo, y la influencia de Venus hizo que no entendiera bien el temperamento taurino. Fue Venus, realmente, la que me despistó”.

Si encuentras un propietario que después de semejante explicación no te ponga inmediatamente de patitas en la calle, entonces tú vives en el país de Oz.

Es mucho más fácil que pongas en práctica desde el comienzo tu conocimiento de los signos solares. La razón de que tu jefe se mostrara tan tranquilo y simpático cuando mecanografiaste esa carta, cuando te equivocaste en el informe y te demoraste tanto a la hora de almorzar no es que sea un oso bonachón que se deja llevar por delante, ni que su timidez le impida expresar sus deseos o ejercer su autoridad. Francamente, creyó que no tenía sentido hacerte pasar un mal rato formando un gran escándalo por unos pocos errores. Calculó que tendrías el suficiente sentido común (no te olvides de esta frase) para no repetirte como un disco rayado. Decidió observarte pacientemente para ver si tu espíritu práctico te alcanzaba para enmendar por ti mismo los errores del pasado. ¡Ahí está la cosa! Su paciencia estaba cuidadosamente calculada en función de un propósito definido: ponerte a prueba y darte una oportunidad de demostrar tu amor propio. Él admira a la gente que es capaz de disciplinarse sola. Si él se hizo por su propio esfuerzo, ¿por qué no has de hacer lo mismo tú? Está dispuesto a darte la oportunidad.

Tauro está decidido a ser justo con todo el mundo. No se apresura a juzgar, no espera milagros de la noche a la mañana, no se molestará porque te lleve algún tiempo adaptarte a sus métodos y a sus procedimientos establecidos. Te dará oportunidad de que encuentres tu camino, y más de una vez se hará el distraído si ve que tropiezas. Pero no te confundas ingenuamente respecto de su objetivo final. El Toro quiere que las cosas se hagan a su manera, que -concebiblemente- puede ser la forma en que se hacían las cosas cuando Sloan inventó el linimento, pero para él es un método válido, probado y ensayado. Además, ¡todavía sigue curando! Mientras sus métodos sigan dando resultados, Tauro se mantendrá fiel a ellos, y está dispuesto a gastar gran parte de su enorme reserva de paciencia para encontrar empleados que se adapten a su molde. Sin embargo, si has llevado su paciencia demasiado lejos, primero se fastidiará, después bufará de enojo y finalmente gritará: “Está despedido” con toda la fuerza de sus pulmones (o por lo menos eso parecerá, tanto será el énfasis que ponga). Tu única advertencia será, probablemente, que el día anterior no contestó a tu alegre y desprevenido “Buenos días”. Y no te hagas la menor ilusión de que vaya a cambiar de opinión si ha decidido ponerte en la calle. Una vez que está tomada, no hay nada que modifique la decisión de Tauro. Es posible que te de una generosa indemnización, porque no quiere que ese propietario sin corazón te ponga a dormir en la nieve con tu abuela enferma y los doce chicos. Pero no te dará ni una oportunidad más, una vez que esté firmemente convencido de que tú no eres más que un peso muerto para esa empresa que a él le importa apenas un ápice menos de lo que le importa su mujer. No es que no sea bondadoso. Si piensas eso, te falla la memoria. Recuerda, mientras lees los anuncios clasificados en busca de un trabajo nuevo, lo bondadoso que fue durante todos esos meses en que tú te dedicaste a aprovecharte minuciosamente de la fe que él tenía en ti.

El jefe Tauro es un alma práctica de cabo a rabo. Aunque necesita saber que su negocio le permite expresar de manera creativa lo que hay de bello en su naturaleza, su necesidad de éxito material es mayor aún. Los hombres Tauro no se contentarán con una pequeña expansión. Sin cambios espectaculares que arrasen con todo, ira progresando paso a paso. Construirá lentamente, sin fuegos artificiales ni trompetas, pero construirá. Todo lo que empieza, lo sigue y lo termina, y de ti esperará que hagas lo mismo.

No intentes demasiados atajos, porque él quiere hechos concretos, no fantasías. Un jefe Tauro no tendrá más paciencia con el arte de dorar la píldora que un ejecutivo Capricornio. Una de sus frases favoritas, pero dicha sin rencor ni sarcasmo, será: “Vamos al grano”. Si para explicarle una idea te vas por las ramas, se pondrá nervioso, aunque por fuera mantenga su calma.

Te sentirás frustrado cuando se niegue a hacer un ínfimo hueco para tus proyectos más fascinantes, o cuando no quiera dejarte probar ese nuevo sistema que leíste en Fortune (o que le copiaste a tu cuñado, que en publicidad es un genio). Claro que a veces se equivoca por no querer escuchar ideas progresistas, y tú hincharás las plumas cuando finalmente, otra empresa las ponga por primera vez a prueba con todo éxito. Pero a la larga, cuando se saquen las cuentas finales, es posible que él tenga razón. ¿Y si ese nuevo adminículo que el rechazó tan inflexiblemente diciendo que era “el aborto microcéfalo de un delirio esquizofrénico” tropieza con algún obstáculo y la empresa que se adelantó a todas las demás como un cohete con el invento quiebra repentinamente porque le salió el tiro por la culata? Entonces se te borrará la sonrisa de suficiencia, después te sentirás tonto y finalmente mirarás con respeto a ese jefe un poco gruñón y bastante obstinado, pero bondadoso y comprensivo, que tiene una cabeza tan práctica sobre esos hombros cuadrados y recios.

Generalmente, los ejecutivos Tauro prefieren el fútbol al béisbol y la paz a las discusiones ruidosas. El Toro procurará siempre evitar las escenas emocionales con su tranquilo sentido común. Recuerda que el sentido común es lo que mejor le define, pero no significa que le falte imaginación o que no aprecie los aspectos más sutiles de la vida. Ten la seguridad de que tendrás éxito con él si escoges un buen perfume y usas barniz rosado para las uñas (siempre que seas una chica, claro). Le encantan los olores agradables y los tonos pastel. También le gustará que de vez en cuando le lleves un bote de vichyssoise casera, de la que prepara tu madre... pero será mejor que la llames sopa de patatas. Los títulos y los nombres raros sirven más bien para inquietar al Toro que para impresionarle. En cuanto a los hombres que trabajan para un jefe de este signo, mas vale que usen corbatas azules, serias, zapatos nada estrambóticos, y que mantengan los pies en el suelo y no encima del escritorio.

Es posible que, una vez por semana como mínimo, te irrite la actitud terca y obstinada del Toro, pero recuerda que demuestra la misma obstinación en su lealtad hacia la gente que nunca le falla. Si tú eres uno de ellos, no tendrás que temer los aspectos peligrosos de Tauro. Si no le sacuden con demasiada frecuencia ante los ojos la bandera roja del desafío, es realmente un encanto. Coge tu algunos ladrillos y ayúdale a levantar su imperio, que si te lo mereces se alegrará mucho de compartirlo contigo. La promoción es cosa que él entiende; la ficción de trabajo no. El viejo oso bonachón espera que tú te hagas cargo de ti mismo, pero siempre te tenderá la mano si la carga se te hace pesada. Tauro es fuerte y se puede confiar en él. Lo que dice es lo que quiere decir, y además lo dice en serio; con él no hace falta intérprete. Si te dice que eres un zopenco, retírate a toda prisa, calladito y sin discutirle. Si te dice que lo estás haciendo bastante bien, realmente tienes el trabajo seguro. Eso quiere decir que has aprobado su examen de lealtad, sinceridad, capacidad y posibilidades. Conviértete en el primero de la clase, que ya estás en el cuadro de honor. ¡Enhorabuena! Si no dejas que te hinche el orgullo, tienes ante ti un futuro muy prometedor.

Tomado del Libro de Linda Goodman, Los Signos del Zodiaco y su Carácter.