14 de Mayo, Ritos de Argei

Los rituales de la Argei eran los antiguos ritos religiosos en Roma que tuvieron lugar el 16 de marzo y 17 y de nuevo el 14 de mayo o el 15. En la época de Augusto, el significado de estos rituales era oscuro, incluso a aquellos que los practican. Para los ritos de mayo, una procesión de pontífices, vestales, y los pretores hacían un circuito de 27 estaciones (o sacella sacraria), donde en cada uno de ellos sacaban una figura de forma humana hecha de caña y paja. Después de todas las estaciones eran visitadas, la procesión se trasladaba al Sublicio Pons, el puente más antiguo conocido en Roma, donde las figuras viejas eran arrojadas al río Tíber. Tanto las efigies y las estaciones o santuarios fueron llamados Argei, la etimología de la cual sigue sin determinarse.

Antes de comenzar el ritual, la efigie era colocada en cada uno de los 27 (o 24 en algunas fuentes) santuarios de la Argei (sacra Argeorum) en todas las regiones. Las efigies fueron pensados ​​para absorber la contaminación en la zona, y su sacrificio posterior era un ritual de purificación de la ciudad. Los pontífices y vestales eran las principales celebrantes. La ruta exacta de la procesión entre las estaciones no está claro.

Según Ovidio, el ritual se había establecido como un sacrificio al Dios Saturno, como resultado de un responsum de Júpiter Fatidicus, el oráculo de Dodona. Sin embargo, el significado del ritual ya se había vuelto oscuro y Ovidio ofrece una serie de explicaciones. El responsum había prescrito el sacrificio humano, un hombre para cada una de las gens o clanes (familias) que viven cerca de las orillas del Tíber. Esta población primitiva se cree que era de origen griego, y por lo tanto Argei derivado de Argivi (del griego etnónimo "argivos"), en concreto los compañeros de Evandro y más tarde los de Hércules que habían decidido quedarse a vivir allí. Este responsum anterior a la fundación de Roma. Una manera de interpretar el ritual de la Argei fue que los primeros habitantes de lo que se convertiría en Roma había practicado el sacrificio humano en la forma prescrita; Ovidio insiste, sin embargo, que Hércules había puesto fin a la misma, y ​​que el sacrificio humano no era una práctica de los mismos romanos.

Ovidio pone otra interpretación en la desembocadura del Tíber, el Dios que personificaba el río. Debido a que estos primeros habitantes eran de origen griego, sintieron nostalgia al morir y pidieron ser enterrados en el río como una especie de retorno simbólico a su patria en la muerte. Mientras que esta última interpretación parece incompatible con la anterior, puede ser una reminiscencia de las prácticas de enterramiento en el agua de las que dan testimonio en muchas partes del mundo entre los pueblos primitivos.

Dionisio de Halicarnaso también se explica el ritual en términos de sacrificio humano, diciendo que Tíber fue el destinatario de estas ofrendas regulares. Las víctimas eran hombres mayores de sesenta años, de ahí la expresión romana sexagenarios de Ponte, "sexagenarios desde el puente."