17 de Marzo, Fiesta de Astarte en Canaan

Astarté (en fenicio Ashtart) es la asimilación fenicia de la Diosa mesopotámica que los sumerios conocían como Inanna, los acadios como Ishtar y los israelitas Astarot (Asera o Ashêrâh). Representaba el culto a la madre naturaleza, a la vida y a la fertilidad, así como la exaltación del amor y los placeres carnales. Con el tiempo se tornó en Diosa de la guerra y recibía cultos sanguinarios de sus devotos. Se la solía representar desnuda o apenas cubierta con velos, de pie sobre un león.

Era conocida como Ashtart, en griego Astarte Αστάρτη, Astártē. En hebreo (y en fenicio) se llamaba עשתרת (transliterado Ashtóreth). En acadio DAs-tar-tú (también Astártu). En etrusco Uni-Astre (según las tablillas de Pyrgi). Astar: Diosa de Abisinia (actual Etiopía). Athar: Diosa de la fecundidad y la lluvia en Arabia del sur. Ishtar: Diosa de Mesopotamia. Inanna: Diosa sumeria del amor, la naturaleza y la fertilidad.. Su nombre suele encontrarse en el Antiguo Testamento en la forma plural Ashtaroth. En ugarítico ‘ṯtrt (también ‘Aṯtart o ‘Athtart, transliterado Atirat). Astoret es el nombre peyorativo hebreo correspondiente a la Diosa cananea. En la Biblia hebrea a menudo se la presenta como el complemento femenino del dios El (Baales) (Jue 2.13; 10.6; 1 S 7.3, 4; 12.10) y se la conoce también con el nombre de Asera o Ashêrâh (Jue 6.25; 1 R 18.19). Como su culto se basaba en la prostitución (tanto masculina como femenina), se cree que el nombre Astoret es una forma hebrea del nombre semítico Astarte modificado por los Hebreos con las vocales de la palabra bōshet (‘abominación’).

En la mitología griega, Astarte se corresponde en parte con la diosa Afrodita y en parte con Deméter. Todas ellas estaban identificadas invariablemente con el planeta Venus.

El culto primaveral a Astarté, un culto a la fertilidad, llamado «Easter», muy común entre los pueblos vecinos de Israel. Debido a la coincidencia de fechas, se cree erróneamente que pronto llegó a popularizarse también entre los israelitas. En Canaán, el culto a Astoret, muy común entre los cananeos (vecinos de Israel), se encontraría presente también entre muchos israelitas (Jue 2.13; 3.7; 1 S 7.3, 4) (ver El). La Biblia suministra detalles concretos de ese culto: se veneraba a Astoret bajo la denominación de la «Reina de los cielos». Los niños recogían leña por las calles a fin de encender fogatas en su honor; las mujeres hacían tortas sacramentales con su figura; se quemaba incienso y se hacían libaciones para que les fuera propicia, pues se creía que de esta forma los asuntos marcharían mejor.



Hacia el Siglo X a. C. las autoridades religiosas israelitas lograron imponer el culto único a Yahvé, anulando formalmente el politeísmo. Pero en tiempos de su sucesor, el rey Salomón, tras un periodo de lealtad a Yahvé, la adoración a otros dioses se reinstauró. Dirigentes y pueblo terminaron envueltos en prácticas comerciales y religiosas propias de la región que habitaban, ajenas al culto yahvista. El abandono de la monolatría se debió a la mezcla interétnica, que derivó en la (re)introducción a la comunidad israelita el culto al Dios El y a su esposa Asera.  Posteriormente, con la reforma de Josías, todo lo relacionado con Astoret y otras deidades fue extirpado del culto yahvista formal, como primer paso hacia la formación de una identidad propia, que comenzaría en un punto esencial de la nación israelita: el templo (2 Reyes 23:4–7).