Yule, El Solsticio de Invierno

Solsticio de Invierno. Yuletide (Teutónica), Alban Arthan (Caledonia), Navidad (Cristiana).

Fecha: Alrededor del 21 de Diciembre.

Este Aquelarre representa el renacimiento de la luz. En la noche más larga del año, la Diosa da a luz (y nunca mejor dicho) la semilla de su crecimiento. La costumbre del árbol de Navidad viene de la tradición pagana de dejar entrar los espíritus de la Naturaleza (representados por el tronco) dentro de la casa. Un tronco además es un símbolo de la aridez que puede renacer en fertilidad. El solsticio de invierno en diciembre es el momento de mayor oscuridad: el sol está en su punto mas bajo en los cielos, mientras que la noche es la más larga del año. Yule es uno de los puntos clave del ciclo. Tras Yule, los días empiezan a prolongarse, por lo que esta festividad (similar en espíritu a la Navidad o a la Hanukkah) se celebra tradicionalmente para convocar el retorno de la luz y de la esperanza al mundo oscuro y helado. En Yule hay celebraciones ruidosas y reflexión silenciosa; nuestros antepasados encendían grandes fogatas en la noche de Yule y bailaban a su alrededor toda la noche para llamar al amanecer, girando y girando para invocar al cambio, tanto en el aspecto interno como en el externo. Y la perfecta quietud de las imágenes de Yule (las velas iluminan la oscuridad, el sagrado árbol verde constituye el eco de la naturaleza vibrante de la vida en medio de la aparente muerte, y la Madre Tierra que da cobijo al Niño Sol) nos recuerda que, justo cuando las cosas parecen haber perdido esperanza y apagarse, el ciclo cambia y la luz retorna.

Para decorar el altar, podemos usar plantas que mantengan su verdor a lo largo del invierno, como por ejemplo ramas de pino, romero, junípero y cedro, y también podemos usarlas para marcar el círculo, así como hojas secas.

Arreglamos el altar, y trazamos el círculo. Luego recitamos el Cántico de Bendición, e invocamos a la Diosa y al Dios.

Parados delante del caldero, miramos dentro de él, diciendo:
No me lamento, aunque el mundo está envuelto en sueño,
No me lamento, aunque el frío viento sopla,
No me lamento, aunque la nieve caiga fuerte y profunda,
No me lamento, también esto pasará pronto.
Prendemos el fuego en el caldero, o la vela dentro de él, y mientras las llamas se elevan, decimos:
Prendo este fuego en tu honor, Diosa Madre, tú creaste vida de la muerte, calor del frío, el sol vive una vez más, el tiempo de la luz crece
Bienvenido, Dios del Sol, el del eterno retorno
Salve, Madre de Todos
Ahora, en sentido deosíl (como las agujas del reloj) caminamos alrededor del altar y el caldero, mirando las llamas, y mientras lo hacemos, cantamos:
La Rueda Gira, El Poder Arde.
Debemos meditar en el Sol, en las energías ocultas que yacen soñolientas en el invierno, no sólo en la Tierra sino dentro de nosotros. Debemos pensar en el nacimiento no como el comienzo de la vida, sino como su continuación.. Luego de un tiempo, nos detenemos, nuevamente delante del altar y del caldero en llamas, y decimos:
Gran dios del sol, doy la bienvenida a tu retorno, que brilles intensamente sobre la Diosa, desperdigando semillas y fertilizando los campos.
Bendito seas, renacido del Sol
Pueden seguir trabajos de magia de ser necesarios. Celebramos el festín sencillo. Se libera el círculo.

Una práctica tradicional de Yule es la confección del Árbol de Yule, tomado por el cristianismo en el árbol de Navidad. Podemos decorarlo con guirnaldas de capullos de rosas secos, palitos de canela, bolsas de especias que se colgarán de las ramas, cristales de cuarzo, manzanas, naranjas o limones. También podemos prender el leño de Yule, tradicionalmente de roble o pino. Antes de hacerlo, debemos grabar con el cuchillo de mango blanco una figura del Sol (un disco con rayos) o del Dios (un círculo con cuernos), y recién debemos prenderlo en el anochecer del Solsticio. Mientras se quema, debemos visualizar al Sol brillando dentro de él y pensar en los días más cálidos que vendrán. Las comidas de Yule son las nueces, manzanas y peras, panes remojados en sidra, y cerdo para los no vegetarianos. Las bebidas pueden ser té de distintas hierbas, por ejemplo hibisco o jengibre.