La Serpiente

La serpiente es uno de los animales preferidos por su simbolismo, apareciendo en todas las religiones y civilizaciones, ya sea en forma benigna o maligna. En casi todas su simbolismo tiene que ver con la regeneración, la vida y la muerte, hecho que se asocia con la muda permanente de su piel, como cambiando el "envase" pero no la esencia. Su aspecto enigmático cautivó a los pueblos antiguos, y se la ligaba tanto al mal y a la astucia como a la sabiduría. En muchos lugares se utiliza la palabra serpiente para simbolizar lo positivo (sabiduría) y el término víbora para lo negativo.

En la antigua China, la serpiente era el símbolo de la tierra y de su constante renovación (con frecuencia era representada en bronce en el primer milenio AC); cuando los adoradores de la serpiente fueron vencidos por los indoeuropeos, ésta perdió su jerarquía y fue relacionada con el mal y lo negativo.

En la mitología escandinava, aparece como Nidhogg, la serpiente maligna que hostiga a Yggdrasill, el árbol del mundo; mientras tanto, en los pueblos primitivos africanos se la considera una deidad.

Para los antiguos egipcios las serpientes podían ser tanto divinidades protectoras como maléficas. Entre las protectoras se encontraban Renenutet y Uadyet. La primera era una divinidad con cabeza de serpiente a la que se vinculaba con la fertilidad y por consecuencia a las cosechas; la segunda, representada como una cobra, encarnaba el calor del sol. En su faz negativa se encontraba Apofis, la horrible serpiente del más allá.
Los símbolos mesoamericanos del poder y del saber eran el águila, el jaguar y la serpiente. En la civilización azteca, Quetzalcóatl (soberano legendario de México y considerado como el padre de los toltecas) era habitualmente identificado como la Serpiente Emplumada. Originalmente era un dios de la fertilidad de la tierra, luego se lo vinculó con la estrella matutina y vespertina (el planeta Venus) y posteriormente se lo transformó en el símbolo de la muerte y resurrección y en patrono de los sacerdotes.
       
En la religión minoica, la serpiente estaba presente por medio de una sacerdotisa-serpiente, o diosa-serpiente, cuyo culto estaba asociado a la fertilidad y al ciclo lunar y solar. Para los griegos era el acompañante sagrado de algunos dioses: Hermes (Mercurio, en la mitología romana), mensajero de los dioses y dios del comercio (entre otros) llevaba un caduceo de oro, o varita mágica, con dos serpientes enrolladas. A su vez, Asclepio (Esculapio), dios de la medicina llevaba una enrollada en su vara. Ambos caduceos representan en la actualidad el símbolo del comercio y de la medicina respectivamente. Atenea (Minerva), diosa de la sabiduría y de la guerra, llevaba serpientes en su égida y en su escudo, la cabeza de Medusa. Por otro lado, Hécate, diosa de la oscuridad y sus terrores, a menudo es representada con serpientes entrelazadas alrededor de su cuello. En la mitología griega también se menciona a Pitón, la gran serpiente que quedó en la tierra después del Diluvio, que vivía en una gruta cerca de Delfos custodiando el oráculo.
   
En la actualidad son muchos los pueblos del mundo que utilizan rasgos o símbolos de serpientes para sus danzas tribales. Hay sociedades indígenas, en el Norte de América, que realizan ritos como la danza de la serpiente donde, luego de un ayuno, se preparan altares y se capturan alrededor de 50 serpientes. Posteriormente cada uno de los participantes se coloca una serpiente en la boca y procede a bailar. Al día siguiente, cada uno de los animales es devuelto a la naturaleza como mensajeros de que los integrantes de esa tribu viven en armonía con ella.

Otra representación simbólica muy conocida es la de la serpiente mordiéndose su propia cola (Uroboros). Significa la vida indestructible, la eternidad y el eterno recomenzar de todas las cosas. Lo cíclico, el fin de un ciclo para el comienzo de otro. En la antigüedad simbolizaba a los iniciados en los misterios.

Se dice que encontrar una culebra en el camino es augurio de una desgracia, pero matar la primera que se vea augura la victoria sobre los enemigos. En el sur de España y en Castilla es un animal impronunciable, para contrarrestar el mal agüero que conlleva nombrarla se dice "lagarto", una o dos veces, añadiendo a veces el gesto de cerrar los dedos índice y meñique. También se suele tocar madera al decir "lagarto, lagarto". Se dice que encontrar una culebra en el camino es augurio de una desgracia.

En el norte argentino es de "mal agüero" pronunciar la palabra víbora, como así también que se atraviese delante del caminante, lo que indicaría su próxima muerte. En cambio, cuando se ve su huella en el camino, pero sin verla a ella, indicaría lluvia.

Si se ve salir de una tumba a este animal, se cree que el muerto vendió su alma al diablo y éste la vino a buscar.

En el ambiente artístico es de mala suerte nombrarla pero, en el caso de tener que hacerlo, se la denomina "la bicha".

La piel de una serpiente llevada por una parturienta facilitaba el parto; también colocar las pieles de estos animales en los gorros o sombreros era un remedio contra el dolor de cabeza. Para curar las heridas de un espino sólo hay que poner piel de serpiente sobre la zona dolorida. Además, colgada la piel sobre una viga del techo protegía la casa del fuego. Los poderes curativos de su piel están asociados con su permanente muda y regeneración.