El Jefe Sagitario, Según Linda Goodman


Walt Disney
Es posible que tu primera semana de trabajo con un jefe Sagitario te deje un poco confundido, sin saber si reírte o llorar. Es evidente que ese señor es un tonto.

¿O será un genio? No, ninguna de las dos cosas; simplemente es un patán, aunque mirándolo mejor, tiene algo de Don Quijote. Pero eso no podría ser, dado que te insulta con tanta erudición. Claro que también te halaga con tan cálida sinceridad... Mírale, si es tan desgarbado como un potrillo de tres patas, y de pronto aparece tan gracioso como un pura sangre. ¿Qué demonios usa, acaso son espejos deformantes?

Después de la segunda semana decidirás, no muy tranquilo, quedarte un tiempo para ver que pasa. A estas alturas, ya estás convencido de que su madre 1o echó completamente a perder. Te equivocas; él no le dio tiempo. Siempre hizo lo que quiso hacer.) Bueno, pero el problema que se lo aguante otro, no tú. Tú te vas muy pronto. Que se arregle ella con el tipo... su mujer, claro, a quien ya has empezado a compadecer. (Es cierto que de vez en cuando ella misma se compadece un poco, pero la vida que lleva es emocionante.) En cuanto a ti, estás seguro de que tu jefe te aborrece secretamente. (Le pareces estupendo, pero es que es de una sinceridad brutal cuando cometes errores, y dolorosamente franco si se trata de señalar defectos.) Crees que está pensando en ascenderte. (Todavía no, lo que pasa es que ayer estaba un poco demasiado eufórico.) Esta mañana te invitó a almorzar, así que ahora podrás conocerle un poco mejor. (Pero canceló la invitación, porque se había olvidado de que tenía que hablar en una reunión del club.)

Dos meses más tarde, tú y tu psiquiatra llegáis a la conclusión de que ya es hora de hablar seriamente con él. Tú acabas de decidirte: si presta atención a tus quejas por su comportamiento incierto y enigmático, para que puedas saber que suelo estás pisando, con él y con la compañía, seguirás en tu puesto; si no es así, te vas. Y se lo plantearás firmemente. (Que pena, acaba de irse a Londres.) Está bien, puedes esperar. Pondrás todas tus cartas sobre la mesa cuando el regrese, y le dirás exactamente como te sientes. Dale unos días para que vuelva a estar bien al tanto de las cosas; parece un poco cansado. Pero tú no vas a dejarte impresionar por eso; mañana ya estará bastante recuperado como para escuchar razones. (En cambio, tendrás que llamar al aeropuerto, porque se va a Tokio.) Pero, ¡un momento, a ver! ¿Cuando piensa aterrizar en alguna parte el tiempo suficiente para que tú le digas lo que no te gusta de la forma en que te trata?

¿Quieres saber la respuesta, de veras? Nunca. Tu jefe Sagitario engrasa todas las mañanas los rodamientos de sus patines de ruedas y con ellos se desliza despreocupadamente por la ciudad, organizando una gigantesca campaña de promoción tras otra. Puedes estar seguro de que no quiere detenerse durante el tiempo suficiente para que le señales sus errores: él piensa que es muy buen tipo y, en realidad, cuando te dejas de pensarlo, lo es. Muchas veces es tímido y desvalido, y necesita que le comprendan.

Pero, ¡que siga haciendo esas increíbles observaciones a la gente! ¿Y por que después te toca a ti disculparte en nombre de él? Llega un momento en que uno puede quedarse sin excusas. (Telefonea a su mujer, que ella las tiene archivadas por orden alfabético.)

No es justo que él siga sonriendo tan campante mientras ignora completamente lo que tú dices, y se niega a ajustarse a un horario. (Habla con su madre, que le encantaría tocar contigo ese tema; hace años que espera poder encontrar a alguien que la entienda y se compadezca de ella.) Entonces, ¿qué vas a hacer? Simplemente, tienes que hacer algo.

Podrías probar escribiéndole una carta, pero asegúrate de que es lógica, sin falsas emociones ni argumentos unilaterales que le presenten a él como el malo y a ti como el bueno. Si el bueno es él. Plantea bien las cosas y las pensará, y tratará de corregir su actitud, pero a lo que no está dispuesto es a pasarse seis horas hablando de eso. A su juicio, hay aventuras más emocionantes que escuchar una lista de las cosas que hace mal. Además, si de todas maneras no va a cambiar, ¿por que hacerle perder el tiempo? ¿Es que no tiene virtudes, acaso? Bueno, pues las tiene. Empecemos por ahí: aférrate a ellas y olvídate de lo demás. Es lo que hizo su madre, y lo que hace su esposa. Imítalas, que ellas son sabias.

Podrías empezar por hacer una lista de sus aspectos buenos. Lo primero, tendrás que admitir que rara vez se pone gruñón. Solo de vez en cuando, si alguien trata de sofocar el fuego de su entusiasmo, o si ese pesado del contable insiste en recordarle lo que significan las cifras de su informe de gastos del mes pasado. Generalmente, tu jefe Sagitario es un hombre cordial, optimista, alegre. Ese es un punto a su favor. ¿Qué otro? No es muy estricto con los permisos por enfermedad ni con las vacaciones. Otra cosa positiva: es generoso. ¿Cuántos jefes te habrían entendido aquella vez que perdiste todo el sueldo en las carreras y tuviste que pedir un mes de adelanto? Todo lo que te dijo fue que deberías haberle preguntado a él que caballo iba a ganar, en vez de apostar por esos indudables perdedores. Pero te dio el adelanto, y dijo que podías reintegrarlo mas adelante, a razón de algunos dólares por semana. Un punto más a su favor. Cuando impulsivamente rompiste con tu novia y después te arrepentiste profundamente, él te dejo la tarde libre para que pudieras arreglar las cosas. Antes de que salieras, te comentó sin darle importancia que te consideraba el empleado mas creativo de la empresa, con una sinceridad tan obvia que te levantó el ánimo y te dio el valor de correr confiadamente a los brazos de quien tú sabes, de modo que para esa noche, el romance interrumpido se había arreglado. Es decir que es estupendo para levantar la moral. ¿Qué otra cosa?

Confiesa que admiras su alma de cruzado. Cuando cree que algo es justo, lo defiende con fiereza, y a ti te produce una sensación grata y cálida trabajar con un hombre así. Es emocionante estar junto a un defensor de causas perdidas, que se mantiene fiel a si mismo y a su código, sea éste el que fuere. ¿No es reconfortante, acaso? Claro que si. Pues añade esta otra virtud.

Pero, un momento... ¿y esa vez que te hizo sentir como un perfecto estúpido, cuando te equivocaste al leer las cifras en una reunión de ventas, y él fue el primero en reírse? Y después trató de disculparse diciendo: “Este muchacho, Tom, siempre metiendo la pata, pero igualmente le queremos”. No pienses ahora en esas cosas, acuérdate de que estamos buscando sus puntos buenos.

De nada sirve negar que un jefe Sagitario puede tenerte un poco en el aire. Es difícil decidir si es santo o pecador, o un poco de cada cosa. La verdad se acerca, probablemente, mas a esto último. Hace falta un tiempo para acostumbrarse al ejecutivo de Júpiter, que generalmente es cordial y amistoso, pero cuya sinceridad y deseo de tener todo al descubierto (y cuando digo todo, lo digo en serio) pueden escandalizar a las naturalezas muy sensibles. Es un hombre tan democrático que no podrá dejar de gustarte, aunque a veces sus modales directos y su franqueza brutal resultan difíciles de aceptar. El patrón Sagitario es sincero y amistoso; evidentemente, no es de esos hombres que pueden cultivar un agravio ni herir deliberadamente a nadie. Tiene muy pocas inhibiciones, y entre ellas no se cuenta, como es obvio, la que le impida señalarte tus errores. Sus críticas las formula abiertamente y por lo general con una total ausencia de tacto. Ni siquiera los Arqueros delicados piensan jamás en las heridas que causan cuando le van revelando alegremente a uno sus fallos, con mortífera precisión. Es verdad que los halagos y el cálido reconocimiento superan en mucho a los momentos de incomodidad, pero esos episodios dolorosos escuecen como ampollas. Un ejecutivo nacido en diciembre cree sinceramente que todo el mundo quiere oír la verdad; por eso la dice. Cuando se da cuenta de que ha ofendido a alguien, puede ser la personificación del más contrito arrepentimiento: se disculpa y se explica profusamente, con lo que más de una vez empeora las cosas.

Será raro que sepas dónde está en un momento dado. Sagitario puede desplazarse a cualquier parte con rapidez increíble. Descubrirás que es especial para detectar impostores, viajantes que le presenten cifras falsas, clientes con motivos ocultos y empleados con vicios disimulados. Con su vida amorosa no es tan despierto. Si es soltero, puede ser que toda la oficina hable de sus escapadas sentimentales y de sus aventuras románticas.

Probablemente tendrá un montón de amigos de las clases mas variadas: presidentes de banco, políticos de nombre, ociosos, reporteros, ministros, médicos, abogados, fontaneros, carpinteros, anunciantes de radio, damas de sociedad, levantadoras de pesas, jugadores fulleros, coristas, arquitectos, taberneros y profesores universitarios se codean alegremente a la entrada de su apartamento a cualquier hora del día o de la noche. Sagitario mide a todos con su propia vara y, si están a la altura de sus exigencias, los defiende con lealtad.

Cuando da órdenes lo hace con porte regio, pero con tal cordialidad, aparte de la 1ógica implacable de sus métodos, que es difícil ofenderse con él. Aunque le falte tacto y a veces haga el bufón, puede recurrir a su poderosa intuición y al acierto de sus corazonadas para salir casi de cualquier berenjenal en el que se haya metido. (Los problemas románticos pueden ser un poco mas pegajosos, amén de mas difíciles de evitar para él.) Su pensamiento es mucho más profundo de lo que permite suponer naturaleza tan desaprensiva. Un jefe Sagitario puede dar buenos argumentos a cualquier abogado y, normalmente, salir adelante. Si tu ejecutivo es típico de Júpiter, es probable que haya tenido una educación excelente, y aunque no hubiera sido así, nunca podrías decirlo, con todos los conocimientos que ha ido cosechando por la vida su mentalidad inquisitiva. Básicamente tiene buen corazón, pero también es lo bastante ambicioso para llevarse a alguien por delante de vez en cuando. A veces, en situaciones sociales, la memoria le falla, pero rara vez le pasará lo mismo con los hechos. El Arquero es capaz de saberse las cifras comerciales brutas de sus competidores, y de olvidarse del nombre de su propio tenedor de libros, que hace varios años trabaja para él. Aunque camine con paso libre y activo, es posible que alguna vez, con el descuido típico de Sagitario, meta el pie en el cesto de los papeles, o apague el cigarrillo en la bandeja de los lápices. Pero aunque al pasar tropiece con el cable del teléfono, rara vez tendrá tropiezos mentales. Con frecuencia sus ideas son impopulares y pasan muy por encima de la cabeza de otras gentes, pero nueve de cada diez de ellas son buenas.

Hay algunos jefes Sagitario que son tímidos, pero bajo su apariencia de timidez, Júpiter sigue controlando la personalidad. Hasta los Arqueros de la variedad retraída lanzan sus flechas hacia el cielo y sostienen firmemente el arco. A los extrovertidos les encanta hablar y exponer sus teorías favoritas (sazonadas con la mayoría de sus opiniones privadas). También los introvertidos pueden realizar excelentes monólogos, cuando les da por ahí, y generalmente lo que dicen es interesante e instructivo. A tu jefe Sagitario le encantan los animales, las luces brillantes, el pensamiento creativo, comer y beber bien, viajar, la lealtad, el cambio y la libertad. Rechaza la falta de sinceridad, la crueldad y el egoísmo, no soporta que no le cuenten las cosas, aborrece la avaricia, el pesimismo, la posesividad y la hipocresía. Por lo común es muy grato trabajar con el, y consigue hacerse querer; uno va teniendo la sensación de que, si se dejara, Sagitario perdería de alguna manera el rumbo, pese a su egotismo y su independencia. (No es así, pero de todas maneras quédate con el. Es posible que el mañana siga siendo siempre un gran interrogante, pero el presente nunca te resultará aburrido.)

Tomado del Libro de Linda Goodman, Los Signos del Zodiaco y su Carácter.