El Gato

El gato o gato doméstico (Felis silvestris catus) es un pequeño mamífero carnívoro de la familia Felidae. El gato está en convivencia cercana al ser humano desde hace unos 9.500 años, 1 periodo superior al estimado anteriormente, que oscilaba entre 3.500 y 8.000 años.

Los nombres actuales más generalizados derivan del latín vulgar catus, palabra que aludía especialmente a los gatos salvajes en contraposición a los gatos domésticos que, en latín, eran llamados felis. Hay docenas de razas, algunas sin pelo o incluso sin cola, como resultado de mutaciones genéticas, y existen en una amplia variedad de colores. Son depredadores por naturaleza, siendo sus posibles presas más de cien especies diferentes de animales para alimentarse. También son animales que pueden asimilar algunos conceptos, y ciertos ejemplares pueden ser entrenados para manipular mecanismos simples. Se comunican con gemidos, gruñidos y alrededor de un centenar de diferentes vocalizaciones, además del lenguaje corporal.

Las supersticiones que involucran a los gatos negros son de las más conocidas en todo el mundo. Pero todo depende del sitio donde vivas. Cada país tiene sus propias costumbres acerca de los gatos.

En el antiguo Egipto todos los gatos eran venerados. Estaban protegidos por ley contra cualquier tipo de daño y matar a uno de ellos era considerado un crimen capital. Eran tenidos en tan alta estima que la muerte de una mascota hacía que la familia entera estuviera de luto, y tanto los dueños ricos como pobres los hacían embalsamar de manera exquisita, envolviéndolos en fino lino y colocándolos en criptas de materiales nobles como bronce o madera, que era muy escasa y valiosa en el desierto.  También se colocaban a los niños medallas con la cara de Bastet la Diosa gata, para que los protegiera de las enfermedades.

Los griegos, conocedores del valor del gato como cazador de ratones, intentaron comprar una pareja para hacerlos criar en Grecia; dada la naturaleza sagrada del gato los egipcios se negaron a esta transacción. Pero los griegos, a pesar de este argumento o quizá debido a él, robaron una pareja que llevada a Grecia extendió la raza al resto de Europa.

Otra leyenda explica porque los gatos tienen su cola doblada, los gatos siameses tenían la misión de proteger las ánforas llenas de oro en los templos dedicados a las divinidades. Estos animalitos cumplían tan bien su tarea que de mirar la vasija sus ojos se volvieron estrábicos, y como sujetaban firmemente las asas con su cola esta tomó la forma que le conocemos.

Por otra parte los Celtas creían que los ojos de los gatos representaban las puertas que conducían hacia el reino de las hadas. Entre los galos, se castigaba la muerte de un gato con el equivalente de una oveja y su cordero, o a la cantidad de trigo necesaria para cubrir completamente el cadáver del gato suspendido por la cola, con el hocico tocando el suelo.

En Normandía la vista de un gato color carey es sinónimo de muerte por accidente. En Italia se asegura que todo el que escucha estornudar a un gato tendrá buena fortuna. En Francia se cree que cruzar un arroyo cargando un gato es signo seguro de mala suerte. Se cree que los gatos poseen poderes extrasensoriales por lo que son excelentes mediums y captan la con facilidad la presencia de espíritus. Maltratar a un gato trae mala suerte matar a uno siete años de mala suerte. Si  te encuentras un gato, este te sigue y te “adopta” tendrás buena fortuna. Los gatos sagrados de Birmania son los encargados de llevar el alma de los monjes y escoltarlos hasta el nirvana. En el medievo se pensaba que la piel y la sangre de los gatos curaban enfermedades. Si un gato se posa sobre la tumba de un fallecido recientemente, este se transformara en vampiro.

En la región de Bohemia los gatos eran un símbolo de fertilidad, y por lo tanto uno de ellos enterrado bajo un campo aseguraba una buena cosecha. En Japón prefieren a sus gatos sin cola (los Bobtail) porque piensan que son menos capaces de embrujar a los humanos. Los marineros de ese país suelen llevar gatos tricolores a bordo para tener buen tiempo y suerte en la jornada. Un regalo habitual para los japoneses es una imagen de un gato levantando su pata izquierda, pues estos souvenir darán buena fortuna a quienes los posean.

En otras culturas también se cree que llevar un gato abordo es de buena suerte. Si el gato del barco maúlla y se muestra inquieto quiere decir que tendrán un viaje difícil. Si, en cambio, está alegre y vivaz, tendrán siempre el viento a favor. Si un gato cae por la borda, es signo seguro de tormenta, por lo que ningún marinero osaría hacer algo así. Quizás los gatos en los barcos comenzaron a llevarse como una buena manera de controlar a las ratas y con el tiempo ganaron el estatus de amuletos de la suerte.

Una superstición de las zonas rurales de Norteamérica dice que un gato puede ayudar a una novia indecisa a definir si se casa o no. Ella debe arrancar tres pelos del animal, envolverlos en un papel y colocarlos debajo de la puerta de entrada. A la mañana siguiente abre el papel y si los pelos se acomodan en forma de Y, puede casarse, pero si toman la forma de una N, no deberá hacerlo. En este país es de mala suerte cruzarse con un gato negro de noche, pero, en cambio, es de buen presagio soñar con un gato blanco. Si alguien ve un gato con un solo ojo debe escupir sobre su pulgar, estamparlo en la palma de la mano y pedir un deseo que, con toda seguridad, se cumplirá. En caso de mudanza, es fundamental entrar al gato a la casa nueva por la ventana y no por la puerta, así no escapará.

Los gatos también actúan, según las creencias, como pronosticadores del tiempo. En Indonesia y Malasia se cree que si alguien da un baño a su gato, esto traerá lluvia. También se pronostica lluvia si un gato se lava detrás de las orejas en Europa. Siguiendo con los pronósticos meteorológicos, si un gato corre como enloquecido, arañando cortinas y almohadones a su paso, es porque habrá mucho viento. Por otro lado, si se ve a un gato durmiendo con sus cuatro patas bajo el cuerpo, seguramente se avecina tiempo frío. Cuando un gato mira por la ventana quiere decir que va a llover, afirman en Inglaterra. Por último, si un gato se sienta de espaldas al fuego, se espera una tormenta de nieve.

En los Países bajos y Alemania no se permite que un gato esté presente durante las discusiones hogareñas, pues se asegura que son capaces de esparcir rumores acerca de la familia por todo el pueblo.

Los ingleses dicen que si un gato se va de una casa, en ella siempre reinarán las enfermedades, mientras que para los irlandeses, matar a uno trae 17 años de mala suerte.

Se piensa que la conducta de los gatos manifiesta:
Si está boca arriba en el suelo, anuncia lluvia.
Si está sentado de espaldas al fuego predice frío y mal tiempo.
Si se lava las orejas avisa que habrá una visita masculina si se lava la derecha y femenina si se trata de la izquierda.
Como remedio contra las enfermedades existían diversas pócimas en las que intervenía algún elemento del gato. Por ejemplo, para curar la tos ferina se hacía un brebaje con nueve pelos de la cola de un gato negro desmenuzados y remojados en agua que se daba a beber al paciente. Se decía que pasar la cola de un gato negro por los párpados curaba los orzuelos.

En España se dice que una persona afortunada tiene siete vidas como los gatos. Según la creencia popular el matar un gato o sus crías trae mala suerte, de aquí que algunos prefieran pagar a otros para que los maten en caso de ser muy necesaria su desaparición. Soñar con un gato es de mal agüero, significa que el que sueña va a tener problemas  de chismes o con mujeres.

En algunas regiones del sur de Estados Unidos todavía se piensa que, si se permite a un gato acercarse a un cadáver humano, una horrible desgracia caerá sobre la familia del difunto.