25 de Septiembre, Ritual de Purificación

Por la mañana, los iniciados salen transformados del santuario. A nadie podrán revelar lo que han visto y oído. Lo más aproximado nos lo relata Apuleyo en su Metamorfosis:

 "Llegué a las fronteras de la muerte, pisé el umbral de Perséfone y a mi regreso crucé todos los elementos; en plena noche, vi el sol que brillaba en todo su esplendor: me acerqué a los dioses del infierno y del cielo; los contemplé cara a cara y los adoré de cerca. Estas son mis noticias: aunque las has oído, estás condenado a no entenderlas".

El ritual concluía con un brebaje sagrado, y probablemente psicotrópico, a base de cebada y poleo llamado ciceón. El compromiso de los iniciados exigía no revelar lo contemplado en el recinto sagrado.