El Roble

El término roble puede ser usado para referirse a muchas especies de árboles del género Quercus, nativo del hemisferio norte, y ocasionalmente también a especies de otros géneros de la misma familia (Fagaceae), o incluso de otras familias, como en el caso de algunas especies sudamericanas de Nothofagus (fam. Nothofagaceae). En su uso originario el término, derivado del latín robur, designa a especies europeas de Quercus de hojas blandas, de borde sinuoso, caducas, propias de climas templados oceánicos; o bien de variantes frescas, por altitud, del clima mediterráneo. El roble se destaca por la lentitud de su crecimiento, pero es uno de los mas grandes y longevos árboles de Europa. La fortaleza y resistencia del roble, le otorga una cualidad indestructible que lo convierte en la madera favorita para la construcción de grandes casas y también para la construcción naval. Se han encontrado troncos de roble que han permanecido enterrados en pantanos de turba durante un millar de años.

Se trata de un árbol sagrado en muchas culturas. Es el árbol de Zeus, Júpiter y Hércules. Hércules lleva una clava de roble porque el roble proporciona bellotas a sus animales y gente y porque éste árbol atrae el rayo más que cualquier otro. Sócrates juraba por el roble, árbol sagrado de los oráculos. En el ámbito céltico y germánico goza de gran importancia, representando la fuerza, tanto moral como física. Es el árbol de la vida de Thor; es el emblema de la hospitalidad entre los celtas, y aparece consagrado a su Dios del trueno, Donar. Es especialmente significativa su relación con los druidas, a los que el autor romano Plinio llama los “hombres del roble”. Al parecer, la palabra druida se compone de otras dos, “dru” (fuerza) y “vid” (sabiduría), y precisamente el roble es la representación de la fuerza y la sabiduría.

Todos los pueblos de la antigüedad conocían muy bien los poderes curativos del roble. Los druidas celtas hicieron del roble su árbol totémico y mágico, que les proporcionaba poder y solidez y era el soporte del muérdago. El ataúd de Arturo estaba hecho de roble. También hacían una emulsión de bellotas y corteza de roble, mezclada con leche, que utilizaban como antídoto de hierbas venenosas. En la época de su floración, hacían una cocción, con los brotes de la flor destilados, que servía para purificación; el agua que se encontraba en los huecos del árbol se utilizaba ritualmente para limpiar el cuerpo físico en la época de las festividades de verano.

Contra la sequía, hay que coger una rama de roble, bañarla en un manantial y agitarla asperjando la tierra seca. El ritual de la Grecia clásica para hacer llover consistía en matraquear con estrépito un garrote de roble en un roble hueco y agitar un estanque con una rama de roble o haciendo rodar piedras meteóricas dentro de una caja de su madera, provocando así las tronadas por medio de magia simpática.

En los rituales de protección se emplea una rama de roble para hacer un círculo alrededor de la persona que vamos a proteger. Si un rayo ha herido un roble, sus hojas secas son un maravilloso talismán para proteger a los soldados. Bajo sus ramas se pueden hacer conjuros de amor, porque el roble tiene el poder de excitar a Venus y hacerla acudir a la llamada del brujo que la evoca. El cocimiento de su corteza hace desaparecer las marcas de las quemaduras.

La única tradición maléfica con respecto al roble nos advierte que talarlo, quemarlo o dañarlo de alguna forma, traerá desgracias a quien lo haga.

Soñar con un roble grande y verde significa abundancia y logro de nuestros deseos, fortaleza y liberación y buena suerte para los enamorados. Si lo soñamos seco o enfermo, significa que nuestros proyectos fracasarán.