El Dios Ciclo de Vida, Muerte y Renacimiento

La imagen del Dios Enastado en la brujería es radicalmente distinta a la de cualquier otra imagen de masculinidad en nuestra cultura. Él es difícil de entender, porque Él no encaja en ninguno de los estereotipos esperados, ni en las del hombre "macho", ni en las imágenes inversas que buscan deliberadamente el afeminamiento. El es suave, tierno y consolador, pero también es el Cazador. Él es el Dios Agonizante, pero su muerte siempre está al servicio de la fuerza vital. Él es la sexualidad indomada; pero la sexualidad es un poder profundo, sagrado y que une. Él es el poder de sentir la imagen de lo que los hombres podríamos ser si nos liberáramos de las limitaciones de la cultura patriarcal.

La imagen del Dios Enastado fue pervertida deliberadamente por la Iglesia medieval, convirtiéndola en la imagen del Demonio cristiano. Las brujas no creen en el Diablo, ni les rinden culto; lo consideran; lo consideran un concepto propio del cristianismo. El Dios de las Brujas es sexual, pero la sexualidad se considera sagrada, no obscena o blasfema. Nuestro Dios lleva cuernos, pero son las medialunas crecientes y menguantes de la Diosa Luna y el símbolo de la vitalidad animal. En algunos aspectos, Él es negro, no porque sea malísimo o porque haya que temerle, sino porque la oscuridad y la noche son momentos de poder y parte de los ciclos de tiempo.

Al igual que la Diosa, el Dios unifica todos los contrarios. Él es tanto el sol brillante, la fuerza dadora de luz y energía, como la oscuridad de la noche y la muerte. Los dos aspectos son complementarios, no contradictorios. No pueden identificarse como "buenos" o "malos": ambos son parte del ciclo, del necesario equilibrio de la vida.

Como señor de los Vientos, el Dios es identificado con los elementos y con el mundo natural. Como Señor de la Danza, Él simboliza la danza espiral de la vida, las energías giratorias que atan la existencia a un movimiento eterno. Él encarna el movimiento y el cambio.

El Niño Sol nace en el Solsticio de Invierno cuando, después del triunfo de la oscuridad en la noche más larga del año, el sol vuelve a salir. En la brujería, las celebraciones de la Diosa son lunares, las del Dios siguen la pauta mitológica de la Rueda del Año.

En el Solsticio de Invierno, él nace como la personificación de la inocencia y la alegría, de un deleite infantil en todas las cosas. Su triunfo es el devolver la luz. En la fiesta Brígida o de Candelaria (2 de febrero) se celebra su crecimiento, cuando los días empiezan a ser visiblemente más largos. En el Equinoccio de Primavera, Él es la juventud verde y floreciente que baila con la que baila con la Diosa en su aspecto de Doncella. En Beltane (1o de Mayo) se celebra el matrimonio de ambos con mayos y hogueras, y éste es consumado en el Solsticio de Verano en una unión tan completa que se convierte en la muerte. Él es nombrado "Rey Coronado Por el Verano" en lugar de "Nacido en Invierno", y la corona que lleva es de rosas: la flor de la culminación unida al pinchazo del cuerno. Su muerte se llora en Lughnasad (1º de agosto), y en el Equinoccio de Otoño Él duerme en vientre de la Diosa, navegando por el mar sin sol que es su útero. En Samhain (Halloween, el 31 de Octubre), Él llega a la Tierra de la Juventud, La Tierra Resplandeciente, la que las almas de los muertos vuelven a ser jóvenes mientras esperan a renacer. Él abre las puertas para que puedan regresar y visitar a sus seres queridos, y gobierna en el Mundo de los Sueños mientras Él también envejece, hasta que en el Solsticio de Invierno vuelve a nacer.

Éste es un mito: la afirmación poética de un proceso que es estacional, celestial y psicológico. Al representar el mito en un ritual representamos nuestras transformaciones, el constante nacimiento, crecimiento, la culminación y la muerte de nuestras ideas, de nuestros planes, empleos, relaciones. Cada pérdida, cada cambio, incluso si es feliz, pone nuestra vida de cabeza. Cada uno de nosotros se convierte en El Colgado: la hierba que es colgada para que se seque, el cuerpo que es colgado para sanar, y el Colgado del Tarot, cuyo significado es el sacrificio que nos permite pasar a un nuevo nivel del ser.

La asociación de amor y muerte es muy fuerte en la mitología de muchas culturas. En la brujería, el amor nunca es asociado con la violencia física real, y nada podría ser menos ético para el espíritu del Oficio que el actual brote pornografía violenta. El Dios no perpetra actos de sadomasoquismo en la Diosa ni le aconseja el "poder de la rendición sexual".

Él es quien se rinde al poder de su propio sentimiento. Solamente en el amor vivimos de una forma tan completa en el presente que todo lo consume, y en ningún momento, excepto cuando estamos enamorados, somos tan punzantemente conscientes de nuestra propia mortalidad. Porque, incluso si el amor dura (y tanto las canciones populares como la experiencia personal nos aseguran que no lo hace) o si se metamorfosea adoptando una forma más dulce y profunda, aunque menos ardiente, uno de los amantes morirá tarde o temprano y el otro quedará solo. El Oficio no intenta resolver este dilema, sino intensificarlo porque sólo a través de esta toma de conciencia agridulce, a través del abrazo de Pan, cuyos muslos peludos nos frotan mientras nos llevan al éxtasis, podemos aprender a estar plenamente vivos.

Y así, el Dios es el orgulloso venado que ronda el corazón del bosque más profundo: el del Yo. Él es el caballo, veloz como el pensamiento cuyos cascos dejan marcas lunares incluso mientras producen chispas de fuego solar Él es la cabra/Pan, la lascivia y el miedo, las emociones animales que son también los poderes favorecedores de la vida humana; y Él es el toro-luna, con sus cuernos en forma de medialuna, su fuerza y sus cascos que corren con gran estruendo por la Tierra. Éstos son algunos de sus aspectos animales. Sin embargo, Él es indómito. Es todo eso que hay en nuestro interior y que nunca será domesticado, que se niega a transigir, a ser diluido, a estar libre de peligros, a ser moldeado o manipulado. Él es libre.

Como Dios del año menguante. Él navega el Último Mar de la Tierra de los Sueños, el Otro Mundo, el espacio interior en el que se genera la creatividad. La mítica Isla Resplandeciente es nuestra propia fuente de inspiración interior. Él es el Yo que viaja por las oscuras aguas de la mente inconsciente. Las puertas que Él vigila son el umbral que divide lo inconsciente de lo consciente, las puertas de la noche y el día a través de las cuales pasamos para ir más allá de la ilusión de dualidad, las puertas de la forma que atravesamos para entrar y salir de la vida.

Mientras Él está siempre muriendo, también está siempre naciendo. En el momento de su transformación, Él aparece a través de los tiempos, vinculado a Ella, desde las cuevas paleolíticas hasta en los toros de la antigua Creta hasta las historias medievales de Robin Hood y sus valientes compañeros. Cualquiera de sus nombres o aspectos puede ser utilizado como punto focal para la meditación.