Invocación a los Gnomos

Siéntate en un lugar tranquilo de cara al norte, si no puedes estar en contacto con la naturaleza, rodéate de plantas naturales en maceta, y coloca un platito de color blanco, verde o de arcilla con un puñado de sal o con tierra de un jardín frondoso con unos cristales de cuarzo frente a ti, enciende una vela verde oscuro, que es el color de la naturaleza. Relájate y siente como las energías de la tierra te abrazan, visualiza que eres como un árbol que extiende sus raíces al suelo y sus ramas al cielo, toma la energía de tus raíces y de las ramas, llévalas al centro de tu cuerpo y distribúyelas por todo tu cuerpo, para recargarte de energía. Cuando estés sereno y cargado de energía, di:

Rey invisible que has tomado la Tierra por sostén, que has abierto los abismos para henchirlos con tu potencia;
Tu, cuyo nombre hace temblar las bóvedas del mundo;
Tu, que haces correr los siete metales por las venas de la tierra;
Monarca de las siete luces,
Remunerador de los obreros subterráneos, llévanos al aire deseable y al reino de la claridad.
Nosotros velamos y trabajamos sin descanso, buscamos y esperamos por las Trece Piedras del Círculo Sagrado,
Por los Tesoros que están enterrados, por el Clavo de Imán que atraviesa el centro del mundo.
Señor de la tierra:
Ensancha nuestros pechos, levanta nuestras cabezas; engrandécenos.
¡Estabilidad y movimiento!
¡Día envuelto en la noche!
¡Blancura perfecta!
¡Oscuridad velada por la luz!
¡Esplendor Dorado!
¡Corona de vivientes y melodiosos diamantes!
Tu, que llevas el cielo en tu dedo como una sortija de zafiro;
Tu, que escondes bajo tierra, en el reino de las piedras, la simiente maravillosa de las estrellas,
Vive, Reina y sé Eterno dispensador de las riquezas de las que nos hemos hecho guardianes.
¡Ayúdanos!

Da las gracias por todo lo que has conseguido en tu vida, reconoce tus cualidades, tus dones, tanto materiales como espirituales y deja que la vela se consuma. Guarda el platito con la sal o la tierra y los cristales en un sitio tranquilo.