Las Runas

El sistema de escritura rúnico es alfabético y fue usado desde el siglo III a. C. al XI d. C. El sentido de la escritura es de izquierda a derecha y raramente de derecha a izquierda o en bustrófedon. Los caracteres rúnicos han estado asociados siempre a cuestiones mágicas y místicas. La palabra runa ha generado mucha especulación; el vocablo gótico runa puede traducir el latino misterium "misterio, secreto". La antigua palabra inglesa rún significa "misterio; consejo; palabra". Probablemente la palabra runa tenga la misma etimología que la palabra alemana raunen, que quiere decir "adivinar". Las runas trasmiten, por consiguiente, un mensaje secreto. Nos remiten también a ciertos poemas eddicos que enumeran las cualidades mágicas de las "poderosas" runas. Cada signo rúnico tendría su propia cualidad. También se recuerda que aquellos que saben grabar las runas gozan de un prestigio muy especial: son los sabios y temibles "maestros de las runas". La razón por la que las runas han estado asociadas siempre a los secretos y misterios es un misterio en sí mismo.

Precisamente ésta fue una de las razones por la que los misioneros cristianos, como Ulfilas, cambiaron el uso del alfabeto rúnico por uno de su invención. Según los diversos textos, los símbolos de las runas formaban parte de un alfabeto germánico que data del año 100 A.C. y que fue usado por Escandinavia, Inglaterra e Islandia.

Históricamente se puede hablar de dos alfabetos rúnicos: el primero, constituido por 24 signos y preponderante hasta el siglo IX. Más tarde, una revolución profunda interviene en la notación de los sonidos y su representación en signos reduce el número de las letras; de veinticuatro se pasa a dieciséis. Por los años 400 y 600, las tribus germánicas invadieron Gran Bretaña y llevaron sus runas en este viaje. Hubo cambios en las runas y se agregaron nuevos símbolos. El alfabeto de 32 símbolos es conocido como el Futhork Anglosajón. El alfabeto rúnico se denomina futhark, para recordar las seis primeras letras de ese conjunto (f, u, th, a, r, k), de la misma manera que la palabra abecedario recoge las primeras letras del nuestro: a, b, c, d. La escritura rúnica era, sin duda, esencialmente epigráfica. Las letras estaban grabadas en la piedra para formar inscripciones (igual que las letras capitales romanas).

Pero las runas no solamente fueron usadas para cuestiones religiosas o mágicas; también lo fueron para asuntos civiles, Las primeras inscripciones rúnicas aparecen en el siglo III después de Cristo, pero probablemente sus orígenes hay que buscarlos mucho antes entre los pueblos del norte de Europa. Su uso estuvo extendido entre los pueblos germanos, escandinavos y anglosajones. el Codex Runicus de finales del siglo XIII d. C. se trata de un ejemplar de escritura rúnica nórdica que contiene las leyes provinciales de Scania (la Suecia actual). La piedra de Rök en Östergötland, Suecia, tiene la inscripción más larga conocida. Escrita por Varin en memoria de Vaemod, su hijo muerto, es un documento literario de principios de la época vikinga (mediados del siglo IX d.C.). Contiene alusiones a canciones y leyendas perdidas. Está tallada en runas de ramita corta.

Otra teoría sobre la unión de las runas y lo esotérico afirma que los poderes místicos investían al que podía recitar correctamente el abecedario. También son utilizadas como un método de meditación, pues ayuda a conectar al ser humano con un estado de realidad diferente al que vive diariamente. Las Runas se convierten en llaves que abren la conciencia y dan paso a la inconsciencia con la finalidad de que se vean otras realidades y se respondan algunas inquietudes. Existe toda una conexión entre el pasado y el futuro cuando se trata de las Runas, pues al no estar conectadas solamente con una técnica o una pregunta que se deba contestar, la selección de una determinada figura conlleva a una explicación más profunda vinculada a la energía que rodea a la persona que consulta. Para los expertos en el tema, éstas no sólo son una forma de adivinación, sino son herramientas capaces de mover fuerzas y producir grandes cambios, tanto externos como internos.